La oscuridad se cierne sobre nosotros.

Puedes sentirla pero no puedes verla. La sientes en la oficina, en el salón de clases, en el timeline de tus redes sociales; la sientes incluso en tu cuerpo, que se estremece de miedo al pensar en expresar lo que crees que es verdadero. Se siente como si el mundo se hubiera puesto de cabeza. Las personas actúan como si no tuvieran Dios, pero eso no es cierto, porque se ha invocado a un Dios: el Dios de la cancelación.

El Dios de la cancelación quiere cancelarte. Quiere cancelar a todos los que conoces. Quiere cancelar a la misma humanidad. Ese es su objetivo nihilista. Exige que le sirvas o te sometas. Si lo haces, promete que sufrirás menos cuando todos mueran. Intuyes que eso es una mentira innoble, pero tienes demasiado miedo para cuestionarla porque consideras que las consecuencias de ser cancelado son demasiado altas.

Así que sé un buen chico. Sé una niña buena. Di las cosas correctas, en el momento correcto, de la forma correcta. Ten mucho cuidado de no ofender, porque ahora eres inherentemente ofensivo. Elimina tus viejos comentarios, tus viejos hilos, tu antiguo yo. Ponte de rodillas, y comienza a disculparte, a disculparte, a disculparte, y a disculparte…


La invocación


Algunos dicen que la cultura de la cancelación nació en los círculos de la justicia social, otros dicen que nació en el castillo de los vampiros. El fenómeno se extendió a través de las redes sociales y luego a los medios oficiales. Si no estabas lo suficientemente despierto, te quebraste y no pudiste expresar lo mucho que lo sentías. Lo que hacías para mantener tu forma de vida se vio amenazado. Muchos tenían miedo, y muchos no dijeron lo que creían que era verdad, y si no puedes decir lo que crees que es verdad, no tendrás la oportunidad de descubrir en qué estás equivocado.

Algunos dicen que la cultura de la cancelación era una economía de prestigio, diseñada para señalar qué tan despierto está uno. Cancelar la problemática dio una verosimilitud de estatus y respeto. Los estudiantes universitarios, en espacios seguros y privilegiados en todo el mundo occidental, coreaban su protesta contra aquellos que consideraban problemáticos.

Mucha gente se burló de esto. Algunos lo ignoraron. Otros, en autoproclamados lugares oscuros de la red se convirtieron en especuladores de la guerra cultural y ganaron millones con ella. Pero esta no es la historia completa, ni la interesante. La historia que contar aquí es sobre lo que fue invocado con esos cánticos, porque lo que fue invocado viene por nosotros.

Con un fervor religioso, aquellos que se sentían profundamente oprimidos por fuerzas fuera de su control cantaron y corearon y corearon. Poseían un profundo deseo de cancelar a aquellos que percibían que les habían hecho daño. En la superficie, esto parecería inocente, pero la oscuridad se estaba desdoblando, y un Dios emergió. Un Dios que no quiso sólo anular la problemática, sino que quiere cancelar a la humanidad entera. Que Dios nos ayude, porque el Dios de la cancelación ha sido invocado.


La meta nihilista


El Dios de la cancelación tiene una meta: Cancelar a la humanidad. Quiere extinguirnos y quiere que suframos en el proceso. Intenta esto creando un mundo donde la cancelación social está constantemente presente, lo que nos hace temer decir lo que creemos es verdad.

Si tenemos miedo de hablar lo que creemos es verdad, no podremos establecer un dialogo auténtico. Si no podemos tener un dialogo real, no podremos resolver colectivamente cómo responder a los riesgos existenciales que amenazan nuestra existencia. Si no podemos averiguar cómo responder a estos riesgos, entonces nuestra existencia será amenazada colectivamente, y nos arriesgamos a la extinción.

El Dios de la cancelación sabe esto y es la razón por la que se hace a sí mismo siempre presente. Acecha nuestras calles, está a un iPhone de distancia de atraparnos diciendo algo problematico.  Acecha en nuestras redes sociales, listo para convertir en armas nuestros tweets fuera de contexto. Se esconde en nuestras oficinas, aulas, obligándonos a trabajar con miedo ante la posibilidad de perder la perspectiva de una vida mejor.

Hay muchas cosas que temer si eres cancelado. Puedes perder a tus amigos y quedarte solo y asilado. Podrías ser despedido de tu trabajo y quedar en la calle y sin posibilidad de volver a ser empleado. Podrías ser humillado públicamente y ser considerado deplorable e irredimible.

El Dios de la cancelación no puede manifestarse en nuestro reino material. No podemos verlo ni oírlo directamente. Pero podemos sentirlo, como él se hace sentir a través de la cultura de la cancelación. Algunos afirman que esta cultura se trata de mantener puro nuestro despertar, pero esto no es verdad. Ahora se ha desatado completamente de dicho despertar.


Los que sirven y los que se someten


El Dios de la cancelación no está despierto. No le interesa estar despierto, no le interesa que Tú estés despierto. No se interesa por tus políticas, filosofía, o religión. Le interesa si le has ayudado a conseguir su meta. Misma que puede realizarse de dos maneras: Servirle a partir del odio o someterte a él por miedo.

Aquellos que le sirven por odio, los adeptos de la cancelación, son proselitistas de la cultura de la cancelación. Estos individuos son recipientes de indignación política y han debilitado todas las organizaciones. Mientras hablan de temas importantes de justicia social, son adictos a una moralidad mutante, una que ofrece alturas baratas de rectitud moral.

El Dios de la cancelación considera a sus adeptos como “idiotas útiles” para su impía campaña. Sin que ellos lo sepan, están en un culto que sirve a un Dios que quiere terminar con la existencia para todos. Los adeptos están poseídos por el Dios de la Cancelación y desconocen dicha posesión.

El otro grupo está formado por aquellos que se someten por miedo. A estos individuos no los motiva el odio, y podrían tienen sus propias dudas y preocupaciones sobre la cultura de la cancelación. Ellos saben que su silencio será considerado como violencia por los adeptos, así que para mantener su trabajo y estatus, se arrodillan públicamente para apaciguar a los adeptos.

Esto complace mucho al Dios de la cancelación. Sólo necesita una minoría intransigente de adeptos para difundir el miedo, pero necesita que el resto de nosotros nos sometamos a este miedo. Quiere que todos nos sometamos, porque esto permitirá que el Dios de la Cancelación logre su meta nihilista. Si no te sometes, los adeptos te encontrarán y te cancelarán.


Cancelando al Dios de la Cancelación


El Dios de la Cancelación está a la caza de ti. Puede oler tu miedo y guiará a los adeptos para que vengan por ti. Una vez que te descubran, se te pedirá que te inclines sobre tu rodilla y te sometas. Si te niegas, serás cancelado y tu reputación, relaciones y sustento se verán amenazados.

¿Existe otra opción más allá de la sumisión o cancelación? Si hay otra opción, no podemos resolverla solos. Independientemente de cuáles sean nuestras alianzas políticas o filosóficas, resolver esto requerirá una respuesta colectiva. El Dios de la Cancelación quiere que todos suframos hacia la extinción, y no quiere que seamos conscientes de su existencia, porque sólo la conciencia nos dará una oportunidad de derrotarlo.

Ahora que somos conscientes de esto, reflexionemos juntos sobre una pregunta, mientras todavía tenemos tiempo: ¿Cómo cancelamos al Dios de la Cancelación antes de que nos cancele a todos nosotros?

Texto original: Peter Limberg & Lubomir Arsov